real expedición filantrópica

REAL EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA

Madrid, diciembre de 1802.

– Su Majestad, hemos recibido un correo del Virreinato de Nueva Granada. La epidemia de viruela es muy grave y está matando a españoles, negros e indios por igual, ya no afecta más a los indios como en los siglos anteriores – anunció el mensajero.

– Reúne al Consejo de Indias, debemos encontrar la forma de llevar la vacuna hasta nuestros territorios de ultramar y salvar al mayor número de persona posible. No quiero que ninguna persona padezca y sufra como ha sufrido mi hija, la Infanta María Isabel. Todavía tiene la cara marcada por la maldita viruela –sentenció el rey.

El Consejo de Indias se reunió con rapidez en marzo de 1803 y se decidió enviar la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. El director de la expedición sería el Médico de Cámara de Su Majestad, Francisco Javier Balmis y el subdirector José Salvany y Lleopart.

– Su Majestad, con su permiso vengo despedirme y a agradecerle su apoyo en la expedición –dijo Balmis.

– Doctor Balmis, no hay nada que agradecer con tal de que ninguna persona de nuestro reino sufra esta terrible enfermedad. Antes de que se retire, dígame una cosa, ¿cómo piensa llevar la vacuna hasta nuestros territorios de ultramar? -preguntó el rey.

– Buena pregunta Su Majestad. Después de mucho meditarlo con otros compañeros de profesión, hemos dado con una solución. Vamos a embarcar alrededor de 20 niños, éstos no deben de haber sido infectados por la viruela y vamos a ir vacunándolos cada cierto número de días a partir del contacto de sus heridas –respondió Balmis.

– ¿Y no será peligroso para los niños? -preguntó el rey con preocupación.

– No, Su Majestad. Es un proceso muy seguro y además, tenemos a la persona idónea al cargo de los niños, la enfermera Isabel Zendal –le tranquilizó Balmis.

– Entonces no hay de que preocuparse. Si necesita cualquier cosa, hágamelo saber. En breve voy a hacer emitir una Real Orden para que las autoridades de ultramar les ayuden y pongan a su disposición todo lo que usted considere pertinente -sentenció el rey.

– Muchas gracias Su Majestad, con su permiso me retiro, todavía queda mucho por hacer -se despidió Balmis.

– Tiene usted mi permiso doctor. Buena suerte –se despidió el rey.

En noviembre de 1803 partió la expedición desde el puerto de La Coruña hacia su primera parada: Las islas Canarias. Estuvieron allí durante un mes y vacunaron a todos los que quisieron vacunarse. Después de un mes de travesía, llegaron a Puerto Rico y de allí a Venezuela donde fueron muy bien recibidos.

-Bienvenido sea Doctor Balmis, tenga usted a su disposición todo lo que necesite y estime conveniente para llevar a cabo la vacunación -les recibió el Gobernador de Venezuela Manuel Guevara y Vasconcelos entre vítores y música. Después de tantas muertes y sufrimiento, veía como llegaba el auxilio que tanto había anhelado.  

-Gracias señor Gobernador, es muy generoso por su parte. Estamos preparados para inocular la vacuna ahora mismo -respondió Balmis. Y así hicieron.

El Gobernador y Capitán General, Vasconcelos, fue un activo defensor de la expedición y siendo tan favorables las condiciones, Balmis creó aquí la primera Junta de Vacuna del continente en abril de 1804. A partir de aquí la expedición se dividió para así vacunar al mayor número de personas posible.

Balmis se dirigió hacia el norte, hacia el Virreinato de Nueva España y José Salvany se dirigió hacia el sur, hacia Santa Fe de Bogotá.

La expedición de Balmis llevó la vacuna a la Habana y desde allí a la península de Yucatán. Aquí junto con el apoyo de las autoridades estableció otra Junta de Vacuna para que la vacuna llegara rápidamente a todos los territorios del Virreinato. Pero no todo fue tan fácil. Un problema recurrente al que se tuvo que enfrentar Balmis fue el del abastecimiento de niños, ya que no era fácil conseguir niños para la expedición.

– Señor Ilustrísimo, nos estamos quedando sin niños para la expedición y si no conseguimos a los niños necesarios, no podremos llevar la vacuna a las Filipinas – dijo Balmis.

– Ilustrísimo Doctor Balmis, estoy haciendo todo lo que está en mi mano para conseguir el número necesario de niños para la expedición. Tenga usted un poco de paciencia. En cuanto lo consiga, se lo haré comunicar sin demora – dijo el Gobernador.

Después de muchas gestiones, Balmis consiguió el número necesario de niños y partió hacia Filipinas. Allí, vacunó a un gran número de personas y al darse cuenta de que la vacuna no había llegado todavía a China, partió hacia Macao. Durante la travesía, le sorprendió un tifón, el barco resultó muy dañado, pero finalmente consiguió llegar a Macao donde consiguió vacunar a un gran número de personas. Durante este último viaje, Balmis enfermó y decidió volver a España, pero antes de volver dejó al mando a su ayudante para que continuara con la expedición.

Por otro lado, la expedición de José Salvany llevó la vacuna a las poblaciones de Nueva Granada y Perú. Para ello, Salvany tuvo que cruzar los Andes hasta Quito, Lima y Arequipa, donde llegó muy enfermo. Tras diversas adversidades y dificultades, Salvany se dirigió hacia La Paz para continuar con la expedición y está sería la última tarea de Salvany, pues murió cerca de allí, en Cochabamba, Bolivia, a los treinta y cuatro años de edad. Había recorrido alrededor de 18000 kilómetros y había vacunado a cientos de miles de personas.

El geógrafo y naturalista Alexander von Humboldt calificó la expedición como «el viaje más memorable de los anales de la historia».

Asimismo, dicen que el propio descubridor de la vacuna, Edward Jenner, escribiría sobre la expedición: «No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este».

REAL EXPEDICIÓN FILANTRÓPICA DE LA VACUNA
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